Cubierta por el oscuro manto de las nubes, la Luna yacía sobre el firmamento, llena y de un pálido y brillante plateado que reflejaba sobre las vítreas rocas de la montaña.
Ante tan hermosa vista era difícil apartar la mirada del cielo. Por alguna razón aquel bello paisaje le reconfortaba, aunque le parecía una especie de sueño. Por primera vez en todo el viaje, se sintió libre de toda carga. Se sentó al borde del precipicio cruzando las rodillas y allí se quedó durante un largo y pacífico descanso. No podía dormir, pero al menos ya no estaba inquieto.
Sin darse cuenta, un poco más arriba, Nyaa'shagac descansaba también, posado sobre una afilada y transparente roca de azabache cristalino.
El dragón había estado observando a Black desde hacía tiempo. Sabía que ocultaba algo y tenía curiosidad por descubrirlo, pero no quería entrometerse. Shiva le tenía aprecio y no se lo perdonaría, seguro. Sin embargo en esos momentos se preguntaba por qué no estaría durmiendo. Su curiosidad pudo a su humildad, como la mayoría de las veces.
-No le preguntes a la Luna por qué. -dijo Nya con una tétrica voz que parecía surgir del fondo de un abismo. Black se giró, sobresaltado, pero no le respondió enseguida. Nya extendió sus enormes alas, estirándolas todo lo que podía y abriendo la boca de par en par en un gran bostezo de ultratumba.
-La verdad es que no tenía ninguna pregunta para ella. -respondió Black una vez hubo recuperado algo de su anterior tranquilidad. Nya le inquietaba. Ese extraño y mortífero dragón. Entre los soldados se decía que su venenosa mordedura no sanaba y que nunca dejaría de doler. Se decía que, si le mirabas directamente a los ojos te volverías loco y unas terribles pesadillas, fantasmas y sombras te perseguirían durante el resto de tu vida. No sabía si eso fuera a ser cierto y tampoco quería comprobarlo, pero lo que sí sabía es que Nya jamás sería capaz de tocarle.
-Parece que vaya a caer sobre las estrellas en cualquier momento. Parece que tuviera frío, ataviada entre esas nubes negras. Tal vez se esconde. -enigmático como siempre, pensó Black. Nya era famoso por hablar entre acertijos y preguntas.
-¿De qué se esconde?
-Tal vez del amanecer. Del fuego, de la sombra. Quizá de tu brillante mirada. Quizá de mi absorbente vacío.
-No tengo una mirada brillante.
-No puede seguir el camino con las alas cerradas y la Luna muerta, el brillo no se apaga, el Embustero Sol lo esconde, cuando el atardecer caiga sobre los cimientos de la Tierra y el Fuego arda te necesitará, llegado el momento. ¿Estarás ahí para Ella?
-Por supuesto. ¿Qué pensaría de mí? Casi le debo... mi vida.
A pesar de la gruesa máscara que Nya siempre portaba, Black juró haber visto esbozarse una sonrisa durante un segundo antes de desaparecer bajo ese oscuro atuendo.
Nya quería asegurarse de que Black no abandonaría a Shiva a su suerte. De todas formas no podría, pero, ¿a qué se refería Nya con que el atardecer caería sobre la tierra? estaba seguro de haber leído alguna profecía que mencionaba esa misma línea de palabras.
-Si permites que la Luna muera, el Crepúsculo será eterno. El cielo arderá indefinidamente. -de pronto, sin razón aparente, Nya giró la cabeza inmediatamente para ver algo que había captado su atención a lo lejos, demasiado a lo lejos como para que Black pudiese siquiera distinguirlo.- Me temo que hoy amanecerá más pronto que de costumbre.
Tras terminar su extraño argumento, el dragón simplemente se recostó sobre sus patas y no habló ninguna palabra más. Blackwing siguió mirando hacia el firmamento, intentando escudriñar sus secretos y sin dejar de pensar ahora en el acertijo que Nya había utilizado para augurar alguna clase de mal que pronto descubriría.
Agotado, cerró los ojos lentamente, se tumbó en el suelo y se tapó con su larga capa negra.
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